Anselmo Estrada Alburquerque, con la espina del periodismo en el alma
Sección: Opinión
Fecha de publicación: 12 de Marzo de 2020

No solo el periodismo hidalguense está de luto, también lo está la sociedad en su conjunto. El Reloj Monumental de Pachuca, la minería, los barrios de la ciudad, lloran la muerte de Don Anselmo Estrada Alburquerque, las lágrimas escurren también desde La inocente polvorita, su columna de siempre.
Este jueves 12 de marzo del 2020, nos dejó Don Chemo, uno de los últimos íconos del periodismo en Hidalgo. Maestro de muchas generaciones de comunicadores, en el que se inició allá por los años 60s en el diario El Sol de Hidalgo; “por necesidad y por mi buena ortografía”, dijera en aquella entrevista que publicó Dos…de Hidalgo el 15 de febrero del 2019 y que se alargó en dos números más.
Anselmo Estrada Alburquerque, nació en Pachuca, al interior de una vivienda de las calles del Barrio de Jesús, ahora Abasolo, en1936. Ahí vivió con sus 10 hermanos y sus padres Miguel Estrada e Ignacia Alburquerque.
Desde los 15 años, sin la secundaria terminada, laboró en un taller mecánico, para después solicitar y trabajar en la mina de San Juan Pachuca y posteriormente en la Hacienda de Beneficio de la Loreto. Ya tenía 18 años. 4 años después deja la minería y entra a laborar al Sol de Hidalgo, gracias a un aviso donde solicitaban reporteros, actividad no desconocida, pues antes, en 1958 ayudaba al profesor Miguel Cruz Martínez en el semanario Acción en Tulancingo.
Don Anselmo Estrada comenzó a reportear la fuente policiaca; “que era la escuela para comenzar a escribir, ahí es donde realmente se aprende a redactar”.
Don Chemo vivió la época donde había pocos medios, donde no había boletines de prensa, donde la información, la nota se reporteaba. Es así que labora también en Novedades donde revisaba las planas, verificar información y cabezas.
Con Don Fausto Tamayo trabajó en el Sol del Campo y Miguel Ángel Granados Chapa, lo invitó al naciente uno más uno.
Crítico de los medios y de sus hacedores, fue parte de sus enseñanzas para quienes tuvimos la fortuna de trabajar con él. Lo recuerdo en el diario Visor, cuando de 5 notas, sólo me dejaba uno o dos, porque las revisaba y me decía; “esta es boletín, esta es boletín, esta es boletín, vuelve a tu fuente y has otra vez las notas, investiga, no me sirven los boletines”.
Don Anselmo Estrada Alburquerque fue quizá uno de los grandes maestros que no dudaban en apoyar a quien se le acerque, aunque sea nada más para saludarlo. Afable, aunque su rostro adusto muestre otra expresión. Fue de esas personas privilegiadas, con un gran conocimiento del pasado y presente de la ciudad de Pachuca, de su actividad minera y sobre todo un defensor a ultranza de los vestigios históricos de la capital hidalguense.
De todo ello dio cuenta a través de sus escritos, notas, reportes, en diversos medios de comunicación locales y nacionales, pero hay uno especial que siempre quiso y que publicó durante casi 40 años; La inocente polvorita.
Del periodismo nos deja su apreciación; “es noble, porque si no lo fuera no estaríamos aquí y ennoblecedora”. También sugirió a los trabajadores de los medios; “no dejarse, no debemos dejar que nos pisoteen como personas, no dejar que nadie pase por encima de uno: No permitir de ninguna manera que se burlen del quehacer que uno desarrolla, de ninguna manera permitirlo”.
“Ya vendrá una época con una nueva modalidad de reporteros donde habrá que reportear, reportear y reportear, ya no habrá oficinas de prensa y cada medio deberá cimentarse, que crezca su demanda, su tiraje, que se agoten los periódicos, las revistas y sobre todo que se de empleo a reporteras y reporteros, fotógrafas y fotógrafos, eso espero, eso vendrá”.
Allá nos volveremos a encontrar Don Chemo, su amigo Roylán.

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